Y por si no fallara, prefiero asimilar.
De las noches encontradas,
de los días en veredas
lluvia ácida, día de sol.
Y por si no fallara, algún día ausente
encontrándome en los días
Alistandome en las horas
desgarrando los minutos.
Y por si no fallara, habré conseguido
algo de aquello, algo de esto
algo de lo esperado, y porque no
aquellas cosas olvidadas
que un día se reencuentran,
que se miran, y se observan
sin tener aún lealtad.
Y por si no fallara, llegaré,
a alcanzar un momento
a suicidar las penas
a embellecer mis días
en coloridos grises
luminosos en su andar.
Y por si no fallara, mataré la ironía
alcanzaré mis deudas
las pondré en mi camino
y diré, estoy bien.
AprilSun.
sábado, 20 de agosto de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
Día 75: Ciencia ó Ficción.
Porqué será que algunas cosas se pierden e indefectiblemente parecen nunca mas ser descubiertas?
Se esconden en lugares tan recónditos, que aunque tuviéramos un Gps especialmente diseñado para encontrarlas, no sería posible hallarlas.
Es que hay cosas que se pierden en el camino, y jamás vuelven a ser recuperadas.
Otras simplemente se eligen perder, para vislumbrar porqué no, algún nuevo camino, en donde puedan encontrarse en aquel mundo paralelo que tan difícil parece a veces ingresar.
En esta física cuántica que nos enseña a ver lo pequeño, lo diminuto, lo tan poco importante, pero desde otra realidad, viendo las cosas de tal manera que pueden hacer que hasta lo poco interesante se vuelva mas que eso.
En esta curvatura casi perfecta, donde quien está en el centro, no ve cuanto puede hundirse sin saberlo. Pero se sabe atraído por aquellas cosas que se van acercando indefectiblemente, formando parte de su órbita.
Es que quizá las cosas nunca se pierden, como alguien dijo una vez, solo se transforman, aunque a veces sean transformadas en átomos imposibles de detectar a simple vista.
O tal vez han caído en el mismísimo agujero negro, en donde la teoría de la relatividad manda, y nadie sabe que ocurrirá al entrar allí.
Tantas cosas se han perdido allí, pero se saben tan lejanas, que es imposible saber que fue de ellas.
Están a miles de millones de kilómetros, pero están. Escondidas en algún lugar desconocido, o transformadas en algo que nadie ve.
Tanto lo inmensamente grande, como lo inmensamente pequeño, son cosas difíciles de ver...
Y quien quiere verlas?
Acaso no vemos solamente las cosas que se nos ponen solo enfrente nuestro?
Como un caballo al que le han tapado la visión, y solo puede mirar hacia adelante, nunca hacia el costado.
Para que mirar hacia el costado...hay tantas cosas que enfrentar, tanto por delante, que simplemente hay que seguir.
Inventemos realidades paralelas que convenzan a ambos hemisferios, y aprendamos a quitarnos las anteojeras, para saber a ciencia cierta, lo que es en realidad la realidad.
AprilSun
Se esconden en lugares tan recónditos, que aunque tuviéramos un Gps especialmente diseñado para encontrarlas, no sería posible hallarlas.
Es que hay cosas que se pierden en el camino, y jamás vuelven a ser recuperadas.
Otras simplemente se eligen perder, para vislumbrar porqué no, algún nuevo camino, en donde puedan encontrarse en aquel mundo paralelo que tan difícil parece a veces ingresar.
En esta física cuántica que nos enseña a ver lo pequeño, lo diminuto, lo tan poco importante, pero desde otra realidad, viendo las cosas de tal manera que pueden hacer que hasta lo poco interesante se vuelva mas que eso.
En esta curvatura casi perfecta, donde quien está en el centro, no ve cuanto puede hundirse sin saberlo. Pero se sabe atraído por aquellas cosas que se van acercando indefectiblemente, formando parte de su órbita.
Es que quizá las cosas nunca se pierden, como alguien dijo una vez, solo se transforman, aunque a veces sean transformadas en átomos imposibles de detectar a simple vista.
O tal vez han caído en el mismísimo agujero negro, en donde la teoría de la relatividad manda, y nadie sabe que ocurrirá al entrar allí.
Tantas cosas se han perdido allí, pero se saben tan lejanas, que es imposible saber que fue de ellas.
Están a miles de millones de kilómetros, pero están. Escondidas en algún lugar desconocido, o transformadas en algo que nadie ve.
Tanto lo inmensamente grande, como lo inmensamente pequeño, son cosas difíciles de ver...
Y quien quiere verlas?
Acaso no vemos solamente las cosas que se nos ponen solo enfrente nuestro?
Como un caballo al que le han tapado la visión, y solo puede mirar hacia adelante, nunca hacia el costado.
Para que mirar hacia el costado...hay tantas cosas que enfrentar, tanto por delante, que simplemente hay que seguir.
Inventemos realidades paralelas que convenzan a ambos hemisferios, y aprendamos a quitarnos las anteojeras, para saber a ciencia cierta, lo que es en realidad la realidad.
AprilSun
miércoles, 1 de junio de 2011
Día 74: Protocolo espinar
Me quedé en las nubes...
Desciendo rápida y furiosamente, y voy a por al tema que nos imcumbe.
Así de lleno, si, sin prólogo, sin protocolo, sin preludios, sin preámbulos, sin índices, directo de de al quid de la cuestión.
Somos diferentes.
(Me merezco un aplauso de pie, ya sé, acabo de descubrir una gran verdad, si, si, pueden aplaudirme).
Si, cuan diferentes podemos ser las personas, y las diferentes concepciones de la realidad, dependiendo del punto de vista que se mire...no?
Alguna vez estuvieron en algún lugar en el que no se sintieron pertenecientes?
A veces pareciera, que hay personas deben ser ubicadas en ciertos lugares concretos, y si las sacamos de ese ambiente, no saben que hacer, o que decir, como proceder ante ciertas circunstancias. Créanme que no es fácil ser un buen mutante.
A mi me ha pasado. Sentarme a una mesa y no sentirme perteneciente a ese lugar...
Hace unos años me tocó participar de una cena muy importante.
De esas para las que te preparás desde temprano, y pensás que te vas a poner, sin saber exactamente que es lo que te podés encontrar.
Imagínense el poco protocolo que tenía encima, que me basto llegar al lugar para darme cuenta de que no tenía absolutamente ninguna idea de lo que tenía que hacer.
Dejo el bolso en la entrada, y observo el lugar...nunca había visto tanto lujo contenido.
Señorita, por aquí....
Un mozo vestido de punta en blanco (hasta con guantes!!) corre mi silla, y me siento a la mesa, mientras el resto de los comensales empiezan a ver la carta...
Quiero creer que no soy la única terrícola que no entiende las comidas de una carta. Porque créanme, no sabía con cual de todas las opciones quedarme. No por tentadoras, sino por ser puras incógnitas en mi cabeza. Y entre tantas opciones, fui a elegir algo que casi terminó por ser mi perdición.
Nací en Santa Fe, ciudad pesquera si las hay, por lo que pueden saber que comí sábalo, patí, surubí, y otras maravillas del río. Pero no estaba preparada para lo que iba a tocarme.
Como todo plato Gourmet, el plato ocupaba el 80% de mi visión, y el 20% restante, era la comida. En el centro veo un pescadito, tan tierno, tan perfectamente acomodado, que me daba pena comerlo como se debe comer un pescado. Pero me salió mal.
Probé mi primer bocado, y en ese momento me di cuenta que de no estaba comiendo pescado con espinas, sino espinas, con gusto a pescado.
Mi cara ahora mas blanca que de costumbre, intentaba disimular la desesperación. Tenía dos opciones, o sacaba el bocado, lo cual quedaba pésimo, o lo tragaba, lo cual podía hacer que la cena terminara ahí mismo, y yo en el hospital, tratando de que me sacaran la espina.
Fueron segundos eternos, en que deseaba que nadie me hicera una pregunta... y creo que nunca saboreé tanto un trozo de pescado, pensando en que quizá de tanto masticar, se disolviera, o se cortara en tantos pedacitos que no hiciera daño.
Hasta que no pude mas. Espere el momento justo, en que todos estaban mirando hacia la esquina contraria de donde estaba sentada, y aproveché para deshacerme de la prueba irrefutable de mi mala educación.
Somos diferentes...eso es un hecho. Pero eso es justamente lo que hace las cosas interesantes. Estar en lugares en donde no pensábamos estar, sorprendernos, y tratar de salir airosos de un mal bocado. Al fin y al cabo, todos perseguimos el mismo fin.
AprilSun.
Desciendo rápida y furiosamente, y voy a por al tema que nos imcumbe.
Así de lleno, si, sin prólogo, sin protocolo, sin preludios, sin preámbulos, sin índices, directo de de al quid de la cuestión.
Somos diferentes.
(Me merezco un aplauso de pie, ya sé, acabo de descubrir una gran verdad, si, si, pueden aplaudirme).
Si, cuan diferentes podemos ser las personas, y las diferentes concepciones de la realidad, dependiendo del punto de vista que se mire...no?
Alguna vez estuvieron en algún lugar en el que no se sintieron pertenecientes?
A veces pareciera, que hay personas deben ser ubicadas en ciertos lugares concretos, y si las sacamos de ese ambiente, no saben que hacer, o que decir, como proceder ante ciertas circunstancias. Créanme que no es fácil ser un buen mutante.
A mi me ha pasado. Sentarme a una mesa y no sentirme perteneciente a ese lugar...
Hace unos años me tocó participar de una cena muy importante.
De esas para las que te preparás desde temprano, y pensás que te vas a poner, sin saber exactamente que es lo que te podés encontrar.
Imagínense el poco protocolo que tenía encima, que me basto llegar al lugar para darme cuenta de que no tenía absolutamente ninguna idea de lo que tenía que hacer.
Dejo el bolso en la entrada, y observo el lugar...nunca había visto tanto lujo contenido.
Señorita, por aquí....
Un mozo vestido de punta en blanco (hasta con guantes!!) corre mi silla, y me siento a la mesa, mientras el resto de los comensales empiezan a ver la carta...
Quiero creer que no soy la única terrícola que no entiende las comidas de una carta. Porque créanme, no sabía con cual de todas las opciones quedarme. No por tentadoras, sino por ser puras incógnitas en mi cabeza. Y entre tantas opciones, fui a elegir algo que casi terminó por ser mi perdición.
Nací en Santa Fe, ciudad pesquera si las hay, por lo que pueden saber que comí sábalo, patí, surubí, y otras maravillas del río. Pero no estaba preparada para lo que iba a tocarme.
Como todo plato Gourmet, el plato ocupaba el 80% de mi visión, y el 20% restante, era la comida. En el centro veo un pescadito, tan tierno, tan perfectamente acomodado, que me daba pena comerlo como se debe comer un pescado. Pero me salió mal.
Probé mi primer bocado, y en ese momento me di cuenta que de no estaba comiendo pescado con espinas, sino espinas, con gusto a pescado.
Mi cara ahora mas blanca que de costumbre, intentaba disimular la desesperación. Tenía dos opciones, o sacaba el bocado, lo cual quedaba pésimo, o lo tragaba, lo cual podía hacer que la cena terminara ahí mismo, y yo en el hospital, tratando de que me sacaran la espina.
Fueron segundos eternos, en que deseaba que nadie me hicera una pregunta... y creo que nunca saboreé tanto un trozo de pescado, pensando en que quizá de tanto masticar, se disolviera, o se cortara en tantos pedacitos que no hiciera daño.
Hasta que no pude mas. Espere el momento justo, en que todos estaban mirando hacia la esquina contraria de donde estaba sentada, y aproveché para deshacerme de la prueba irrefutable de mi mala educación.
Somos diferentes...eso es un hecho. Pero eso es justamente lo que hace las cosas interesantes. Estar en lugares en donde no pensábamos estar, sorprendernos, y tratar de salir airosos de un mal bocado. Al fin y al cabo, todos perseguimos el mismo fin.
AprilSun.
lunes, 30 de mayo de 2011
Día 73: A ver, ahí viene el avioncito.
Después de un fin de semana un tanto melancólico, y atípico para estos tiempos que trotan, he decidido apretar el acelerador. Y me apresuro a ir casi a la velocidad del sonido, por encima de las nubes, y haciendo juegos de luces. Así es como prefiero viajar, y cuando el viaje es en avión, suele ser aún mas emocionante.
Tuve la suerte de viajar en avión por primera vez hace unos 3 años, lo cual era algo increíble para mi. Desde chica los veía pasar como un evento único, que te hacía dejar lo que estabas haciendo, para clavar la mirada hacia el cielo, esperando que se perdiera en el horizonte. Soñaba con algún día estar ahí, y ser yo la que mirara hacia abajo, intentando descubrir como se veían las cosas desde otro punto de vista.
Era tan emocionante! No tenía idea de cuantas horas se necesitarían para prepararse, y de la emoción, recuerdo que llegué 2 horas antes de lo previsto, de las 2 horas recomendadas que hay que estar. O sea, 4 horas antes.
Nada me emocionaba mas que subir, esperar el rugido de los motores, y prepararme para ese envión que te pega al asiento.
Y el momento llegó, creo haber sido la única que escuchó con atención las instrucciones bilingües de la azafata, y miró con emoción la hoja de instrucciones en caso de catástrofe, mientras el momento se acercaba...
No me había percatado de que semanas atrás había visto en en Discovery Channel una seguidillas de programas de "Catástrofes Aéreas" , en el afán por buscar información de todo tipo, acerca de experiencias en avión. Pero esta vez la emoción le ganaba a las mínimas probabilidades.
Con el cinturón colocado, y mi Playmobil haciéndome compañía, observamos despegar el avión del ras del suelo...y todo comenzó a tomar otra forma...
El piso, ahora lejano, iba formando pequeños caminos de luz, mientras observaba la ciudad alejándose de mí.
La segunda vez que viajé, no fue tan placentera como la primera...o quizá tenía que ver con que no tenía el asiento pegado a la ventanilla, y las sensaciones ya no eran las mismas. Las primeras veces suelen ser únicas e irrepetibles.
A uno de mis lados tenía un mexicano, al que no conocía, y que no paraba de hacerme preguntas acerca de donde iba, que estaba haciendo, como me llamaba, y un montón de cosas por el estilo para llamarme la atención. Claro está, que mi atención no se percató de su llamado, y me hice la dormida para que se callara.
Hasta que algo frío, corrió por mi brazo y me despertó.
Un hilo de baba había caído de la persona que tenía de mi otro lado de asiento. Sequé con un poco de asco mi brazo, e intenté incorporarme, para ver cuanto faltaba para llegar.
Era de noche...aún faltaban algunas horas. Después de mucho intentarlo pude dormir, mas con un ojo entreabierto, por miedo a quedarme dormida, y que vuelvan a babearme, o que despierta empiecen a hablarme.
Me salió un versito.
Je, bueno, así somos los intentos fallidos de poetas.
AprilSun.
Tuve la suerte de viajar en avión por primera vez hace unos 3 años, lo cual era algo increíble para mi. Desde chica los veía pasar como un evento único, que te hacía dejar lo que estabas haciendo, para clavar la mirada hacia el cielo, esperando que se perdiera en el horizonte. Soñaba con algún día estar ahí, y ser yo la que mirara hacia abajo, intentando descubrir como se veían las cosas desde otro punto de vista.
Era tan emocionante! No tenía idea de cuantas horas se necesitarían para prepararse, y de la emoción, recuerdo que llegué 2 horas antes de lo previsto, de las 2 horas recomendadas que hay que estar. O sea, 4 horas antes.
Nada me emocionaba mas que subir, esperar el rugido de los motores, y prepararme para ese envión que te pega al asiento.
Y el momento llegó, creo haber sido la única que escuchó con atención las instrucciones bilingües de la azafata, y miró con emoción la hoja de instrucciones en caso de catástrofe, mientras el momento se acercaba...
No me había percatado de que semanas atrás había visto en en Discovery Channel una seguidillas de programas de "Catástrofes Aéreas" , en el afán por buscar información de todo tipo, acerca de experiencias en avión. Pero esta vez la emoción le ganaba a las mínimas probabilidades.
Con el cinturón colocado, y mi Playmobil haciéndome compañía, observamos despegar el avión del ras del suelo...y todo comenzó a tomar otra forma...
El piso, ahora lejano, iba formando pequeños caminos de luz, mientras observaba la ciudad alejándose de mí.
La segunda vez que viajé, no fue tan placentera como la primera...o quizá tenía que ver con que no tenía el asiento pegado a la ventanilla, y las sensaciones ya no eran las mismas. Las primeras veces suelen ser únicas e irrepetibles.
A uno de mis lados tenía un mexicano, al que no conocía, y que no paraba de hacerme preguntas acerca de donde iba, que estaba haciendo, como me llamaba, y un montón de cosas por el estilo para llamarme la atención. Claro está, que mi atención no se percató de su llamado, y me hice la dormida para que se callara.
Hasta que algo frío, corrió por mi brazo y me despertó.
Un hilo de baba había caído de la persona que tenía de mi otro lado de asiento. Sequé con un poco de asco mi brazo, e intenté incorporarme, para ver cuanto faltaba para llegar.
Era de noche...aún faltaban algunas horas. Después de mucho intentarlo pude dormir, mas con un ojo entreabierto, por miedo a quedarme dormida, y que vuelvan a babearme, o que despierta empiecen a hablarme.
Me salió un versito.
Je, bueno, así somos los intentos fallidos de poetas.
AprilSun.
domingo, 29 de mayo de 2011
Día 72: Causa y Efecto.
Lo predecible de los días cae en tu realidad, casi vencida.
Tus actos, no dan cuenta de los momentos que pudieron haber sido.
Nada es mas simple, ni mas complicado, que lo que puede decirse sin palabras, sin gestos, sin nada.
La misma estela de efectos que vas dejando a tu paso, es la que acaba por vencerte, pudiste haberte incorporado prontamente, mas no, decidiste continuar, hasta ver tu desenlace.
Cuantas veces contaste las ideas de aquellos momentos poco memorables, que ahora se entrecruzan en tus pensamientos, en tus actos, en tus decisiones.
Y esperas que algo cambie, esperas nada siga su curso, como hasta ahora lo ha hecho, y esperas la llegada de un nuevo día, cerciorándote que cada nuevo día, traiga aparejados nuevos momentos, nuevas sensaciones, que poco quieres entender.
Estamos ante el momento culmine, aquel que solo puede ser observado por el espectador, mas no por el protagonista, que tantas veces hizo ficción de su realidad.
El desconocimiento de las causas, los momentos inciertos, el paso de los días, en todo te ves reflejado, mas no te identificas con las causas, tan alejadas a vos.
Y aún no lo has derrotado, pero no te detienes. Lo que no ves, te parece ausente, inerte, como si no existiera, como si no se percatara de tu presencia, ni de tus momentos, ahora, tan importantes como las causas que lo han provocado.
Pero cuenta la historia, que a pesar de todo, supo valerse de su realidad, para enfrentarla, cada día, para no detenerse, para que a pesar de conocer las circunstancias, todo siga su curso, el curso dispar de sus ideas, ahora entremezcladas, pero tan verdaderas e importantes como el final que persigue.
Y aunque pueda no entenderlo, persigue sus momentos, anhela, vive, siente. Y en ese mismo momento, todo cobra sentido.
AprilSun.
Tus actos, no dan cuenta de los momentos que pudieron haber sido.
Nada es mas simple, ni mas complicado, que lo que puede decirse sin palabras, sin gestos, sin nada.
La misma estela de efectos que vas dejando a tu paso, es la que acaba por vencerte, pudiste haberte incorporado prontamente, mas no, decidiste continuar, hasta ver tu desenlace.
Cuantas veces contaste las ideas de aquellos momentos poco memorables, que ahora se entrecruzan en tus pensamientos, en tus actos, en tus decisiones.
Y esperas que algo cambie, esperas nada siga su curso, como hasta ahora lo ha hecho, y esperas la llegada de un nuevo día, cerciorándote que cada nuevo día, traiga aparejados nuevos momentos, nuevas sensaciones, que poco quieres entender.
Estamos ante el momento culmine, aquel que solo puede ser observado por el espectador, mas no por el protagonista, que tantas veces hizo ficción de su realidad.
El desconocimiento de las causas, los momentos inciertos, el paso de los días, en todo te ves reflejado, mas no te identificas con las causas, tan alejadas a vos.
Y aún no lo has derrotado, pero no te detienes. Lo que no ves, te parece ausente, inerte, como si no existiera, como si no se percatara de tu presencia, ni de tus momentos, ahora, tan importantes como las causas que lo han provocado.
Pero cuenta la historia, que a pesar de todo, supo valerse de su realidad, para enfrentarla, cada día, para no detenerse, para que a pesar de conocer las circunstancias, todo siga su curso, el curso dispar de sus ideas, ahora entremezcladas, pero tan verdaderas e importantes como el final que persigue.
Y aunque pueda no entenderlo, persigue sus momentos, anhela, vive, siente. Y en ese mismo momento, todo cobra sentido.
AprilSun.
sábado, 28 de mayo de 2011
Día 71: Él.
Ves "Mina"? "Ese es mi sueño", me decía, mientras me señalaba en una vieja revista las pirámides de Egipto. Algún día me gustaría conocerlas.
Para comenzar a escribir, debería ponerme en el ambiente correcto...
Una radio retro, luces bajas, y una mirada perdida...hacia el mas acá.
Hoy voy a hablar de un hombre importante.
Tranquilo Obama, tranquilo Berlusconi. No es con Uds.
Es aún mas importante...
Aunque ahora que lo pienso...creo algún paralelismo existe, en el inconsciente colectivo de mis cercanos, que tanto ha dado que hablar...
Vieron como son las familias, todos los escándalos que vemos en las revistas, siempre se reproducen en menor escala, en algunos de nosotros. Y mi papá no planeaba ser la excepción.
Un Sexsymbol con tintes melancólicos. Así es mi Pá. Y parece que era un combo irresistible a las mujeres, porque se volvían insoportables. Creo que perdí la cuenta de todas las novias que tuvo. Y de las veces que ellas intentaban complacerme... regalándome cds, comida, y teniendo charlas con la poca onda que yo les proporcionaba. ¿Que te gusta hacer? Nada. ¿Así que te está yendo bien en la escuela? Si. ¿Y no tenés novio? ¿Te gusta algún chico? Eeh...yo me voy de acá.
Recuerdo las charlas interminables con mi Pá, en el Garage, que hacía las veces de dormitorio, pidiéndome consejos acerca de que debía hacer con sus novias. Era muy chica claro, para entender de temas sentimentales, pero como ninguna me caía bien, la respuesta siempre terminaba siendo la misma: No te conviene.
Soy consciente de que fui una adolescente insoportable, si con alguien me las agarraba, ese siempre era mi Pá. Bueno, así también es un poco la adolescencia, te pasan miles de cosas y no sabés porqué, y la persona que tenés mas a mano termina siendo quien canalice tus enojos.
El creció conmigo, me enseñó a volar con la imaginación, y a pensar que hay cosas mas allá que pueden alcanzarse si tenemos las suficientes agallas para enfrentarnos a ellas. Nos fortalecimos en cada problema, y a pesar de que las cosas quizá no sean perfectas, logró que me sienta orgullosa de ser quien soy. Me enseñó el valor de las ideas, y a seguir adelante.
Hoy me encantaría tenerlo conmigo, para darle un fuerte abrazo y decirle cuanto lo quiero y extraño. Estamos lejos, es verdad, pero hoy te siento mas cerca que nunca.
Feliz Cumpleaños Pá.

AprilSun.
jueves, 26 de mayo de 2011
Día 70: Super Bycicle
Nos reunieron en el salón. Parecía cual secta esperando por la aparición de su líder, pero no, el era aún mas extravagante, y no iba a pasar desapercibido por los demás así como si nada. Así era Valsagna.
Eran días de calor, pero de mucho calor. A veces me pregunto porque en Baires la gente se sofoca con 37º. En Rafaela, eso es una ganga. Al menos 40º promedio todos los días, y parece que el 70% del agua del cuerpo se evaporaría con solo salir a hacer un mandado.
Dejé mi bicicleta roja en la puerta, la trabé con cadena y candado, y sin esperar mas entré, y me senté a esperar.
Al cabo de unos minutos, llegó.
Lo miré...y volví a mirarlo. Acaso estaba viendo una escena de "Baywatch"? No.
Todos habían ido a la entrevista tan formales como pudieron, pero créanme, que en este momento querían cortarse las venas con su CV.
Se presentó, Camisa Floreada, pantalones cortos, de lo mas estrafalarios, ojotas, y porte que denotaba que nada podía hacerle frente. Soy...Alberto y voy a mostrarles el mejor producto que van a tener en sus manos....
Me sentía en medio de una propaganda de George Foreman. Acaso me estaba vendiendo? Me estaba queriendo convencer de algo? Se trataba de un nuevo invento revolucionario que cambiaría nuestras vidas para siempre? O simplemente era alguien con la capacidad de demostrarte que todo lo que necesitabas estaba en sus manos? Eso era...y yo tenía que convencerme y convencer a los demás de que era así...
Pasaron los días, y ya estábamos preparados para salir. El nuevo "invento revolucionario" era un Diario de "SuperClasificados", una guía donde la gente iba a encontrar todo lo que necesitara, y yo era una de las tantas responsables de que el diario no salga con páginas en blanco.
Y empecé a pedalear la calle, había que encontrar nuevas víctimas. Tengo que decir que corría con suerte, o sabía convencer muy bien, porque siempre volvía con alguna que otra orden.
Cada tanto, Valsagna nos daba algún cliente importante para visitar, ese que hacía la diferencia entre un sueldo tranquilo, y uno estresado. Estaba en mi día de suerte, hoy me tocaba a mi, y no iba a perdérmelo por nada del mundo.
Bueno, me dijo, este cliente es muy importante, es un supermercado, y puede llegar a comprar una página...el resto no recuerdo que fue, pero solo se que asentí con mi cabeza, y le dije que iría esa misma tarde.
Comencé a pedalear, el día anterior había llovido, pero nada iba a detenerme. Sabía que aunque quedara un poco lejos, el esfuerzo valdría la pena. Pasó media hora, 45 min, 1 hora...y yo seguía pedaleando. Me había encontrado con la ruta. Cuan lejos podría estar? Vamos, ya debo estar cerca. Me paré, tomé un descanso breve, y volví a subir a mi bicicleta. De repente cada vuelta de pedal se me hacía eterna...el guardabarros se me había llenado de barro.
Y ahora que hago?
Seguí caminando, con mi bicicleta ahora a mi costado, y vislumbré a lo lejos un hotel. Un hotel caro, muy caro. Ya nada me importaba, estaba tan jugada...que caminé hasta ahí, estacioné mi bicicleta y entré al hotel.
Cansada, transpirada, roja, con manchas de barro en la cola y con una cara de desesperación entré y pedí un teléfono, necesitaba llegar a ese cliente como sea. Pregunté si estaba muy lejos la dirección y me dijeron que aún faltaban algunos kilómetros más.
"Eh..Alberto? Bueno, estoy acá en el Km... me podés pasar a buscar para ir lo de..."
El resto es historia. Esperé con mi bicicleta roja, llena de barro, enfrente del hotel lujoso a mi jefe, escondimos la bici, y aproveché el vientito de la ventana para refrescarme.
Pero le vendí la página.
Y al final, cada ruta tiene su destino.
AprilSun.
Eran días de calor, pero de mucho calor. A veces me pregunto porque en Baires la gente se sofoca con 37º. En Rafaela, eso es una ganga. Al menos 40º promedio todos los días, y parece que el 70% del agua del cuerpo se evaporaría con solo salir a hacer un mandado.
Dejé mi bicicleta roja en la puerta, la trabé con cadena y candado, y sin esperar mas entré, y me senté a esperar.
Al cabo de unos minutos, llegó.
Lo miré...y volví a mirarlo. Acaso estaba viendo una escena de "Baywatch"? No.
Todos habían ido a la entrevista tan formales como pudieron, pero créanme, que en este momento querían cortarse las venas con su CV.
Se presentó, Camisa Floreada, pantalones cortos, de lo mas estrafalarios, ojotas, y porte que denotaba que nada podía hacerle frente. Soy...Alberto y voy a mostrarles el mejor producto que van a tener en sus manos....
Me sentía en medio de una propaganda de George Foreman. Acaso me estaba vendiendo? Me estaba queriendo convencer de algo? Se trataba de un nuevo invento revolucionario que cambiaría nuestras vidas para siempre? O simplemente era alguien con la capacidad de demostrarte que todo lo que necesitabas estaba en sus manos? Eso era...y yo tenía que convencerme y convencer a los demás de que era así...
Pasaron los días, y ya estábamos preparados para salir. El nuevo "invento revolucionario" era un Diario de "SuperClasificados", una guía donde la gente iba a encontrar todo lo que necesitara, y yo era una de las tantas responsables de que el diario no salga con páginas en blanco.
Y empecé a pedalear la calle, había que encontrar nuevas víctimas. Tengo que decir que corría con suerte, o sabía convencer muy bien, porque siempre volvía con alguna que otra orden.
Cada tanto, Valsagna nos daba algún cliente importante para visitar, ese que hacía la diferencia entre un sueldo tranquilo, y uno estresado. Estaba en mi día de suerte, hoy me tocaba a mi, y no iba a perdérmelo por nada del mundo.
Bueno, me dijo, este cliente es muy importante, es un supermercado, y puede llegar a comprar una página...el resto no recuerdo que fue, pero solo se que asentí con mi cabeza, y le dije que iría esa misma tarde.
Comencé a pedalear, el día anterior había llovido, pero nada iba a detenerme. Sabía que aunque quedara un poco lejos, el esfuerzo valdría la pena. Pasó media hora, 45 min, 1 hora...y yo seguía pedaleando. Me había encontrado con la ruta. Cuan lejos podría estar? Vamos, ya debo estar cerca. Me paré, tomé un descanso breve, y volví a subir a mi bicicleta. De repente cada vuelta de pedal se me hacía eterna...el guardabarros se me había llenado de barro.
Y ahora que hago?
Seguí caminando, con mi bicicleta ahora a mi costado, y vislumbré a lo lejos un hotel. Un hotel caro, muy caro. Ya nada me importaba, estaba tan jugada...que caminé hasta ahí, estacioné mi bicicleta y entré al hotel.
Cansada, transpirada, roja, con manchas de barro en la cola y con una cara de desesperación entré y pedí un teléfono, necesitaba llegar a ese cliente como sea. Pregunté si estaba muy lejos la dirección y me dijeron que aún faltaban algunos kilómetros más.
"Eh..Alberto? Bueno, estoy acá en el Km... me podés pasar a buscar para ir lo de..."
El resto es historia. Esperé con mi bicicleta roja, llena de barro, enfrente del hotel lujoso a mi jefe, escondimos la bici, y aproveché el vientito de la ventana para refrescarme.
Pero le vendí la página.
Y al final, cada ruta tiene su destino.
AprilSun.
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